Responsabilidad Territorial Empresarial: construyendo proyectos en armonía con el territorio

En las últimas décadas, las grandes empresas agrícolas, mineras, energéticas, entre otras, han posicionado el concepto de Responsabilidad Social Empresarial, definiendo una práctica que ha buscado financiar inversiones privadas para los sectores sociales más vulnerables, en las zonas donde impulsan sus proyectos. Estás acciones, la mayor parte de las empresas, las visualizan como inversiones que a corto plazo puedan crear un “pacto de no agresión” entre el proyecto y las comunidades circunstantes, que en buena medida reciben las externalidades (negativas y positivas) que dichas actividades generan. En esa perspectiva la RSE tiende a verse como una “donación” a cambio de disminuir la conflictividad o como una operación de “caridad” para mejorar la imagen de las empresas en la opinión pública.

Este modelo ha demostrado en mucho casos el bajo y limitado impacto en el desarrollo integral del territorio y de la población que lo habita, aumentando en ellos el rechazo por los proyectos existentes y el bloqueo en la puesta en marcha de nuevos proyectos. Las inversiones en infraestructura social (ambiental o económica) han dado respuestas aisladas a problemas estructurales, han creado un “clientelismo” poco transparente con algunos actores y en buena medida han tratado de reemplazar el rol del Estado sin tener clara la ruta de las necesidades estratégicas a resolver y careciendo de legitimidad para hacerlo.

El enfoque TERRITORIAL para los procesos de responsabilidad empresarial, propone cambiar la mirada sectorial de la problemática y redirigir los esfuerzos (económicos y humanos) hacia la definición de un Modelo de Desarrollo Territorial Integral, que tenga como uno de los motores el proyecto de alto impacto mismo. Este modelo integral permite entender las relaciones de la población con su medio circundante, su territorio, y como a través del proyecto, y de las inversiones que este genere (vinculadas o no a la actividad económica), se ponen en estrecha relación las variables socioeconómicas y socioambientales, para que la sinergia entre ellas detone en verdaderos procesos de desarrollo para todos los habitantes que comparten los mismos recursos.

El planteamiento de la RTE es cambiar el paradigma de que un proyecto se debe involucrar con su territorio circundante, hacia la idea de que un proyecto es un actor más de su territorio, de su contexto social, económico y ambiental en el que se encuentra, con la gran potencialidad de dinamizar el desarrollo integral de este y de la población que lo habita.

ABORDAJE DE LA RTE

El territorio no se concibe como un objeto inerte, del cual podemos extraer sus recursos de manera desmesurada. El territorio es un espacio socialmente construido, donde los derechos y responsabilidades deben ser compartidos por todos los actores que lo aprovechan.

La RTE parte de esta afirmación para definir Modelos de Desarrollo Territorial Integral, que puedan nacer desde procesos de participación ciudadana, garantizando que dicho modelo plasme una visión compartida sobre los mecanismos de uso y aprovechamiento del territorio. Además, establece procesos para que las propuestas vayan articuladas con las capacidades de gestión de las instituciones del nivel nacional, pero sobre todo con aquellas del nivel local, buscando que el modelo pueda ser factible y sostenible, con o sin la existencia del proyecto y la empresa que lo administra. La RTE pasa por el impulso de procesos de planificación y ordenamiento territorial que articulan el proyecto con el territorio en una visión de largo plazo. Para que los proyectos dejen de ser invitados en el territorio y lleguen a ser parte de él.

Impulsar proyectos de RTE por parte de las empresas significa primero entender con claridad el territorio, sus actores, su gente, sus potencialidades, sus limitaciones físicas, sus relaciones, su identidad. Significa también convertir el proyecto en uno de los motores económicos locales que pueda dinamizar las cadenas de producción en el territorio y la articulación de “clusters” generadores de empleo. Incluso, la responsabilidad con el territorio va más allá del presente: requiere de abordar en una lógica de largo plazo la diversificación productiva complementaria al proyecto y las acciones de resiliencia una vez el proyecto finalizado. El concepto de RTE pasa también por el fortalecimiento de capacidades a nivel local, desde el individuo, las instituciones y el entorno territorial. La RSE desplaza finalmente la mirada hacia la medición de resultados de impacto en el territorio, más allá del monitoreo y de la presentación de las acciones realizadas y de la comunicación sobre los beneficios otorgados por parte de los proyectos.

En Grupo Innovaterra impulsamos el concepto y los procesos de RTE que permitirán desarrollar territorios económicamente competitivos, ambientalmente sostenibles, institucionalmente resilientes y, especialmente, socialmente justos.

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